Arquitectura social, geometría variable.

En una época de crisis como la que vivimos vendrán los cambios sociales drásticos como consecuencia del incremento de la desigualdad a la que los ciudadanos están siendo sometidos. Los poderes económicos, asustados por el paro cardiaco que sufrió el sistema financiero desde 2008 han optado por una estrategia del miedo, ahogando las economías restringiendo el crédito y solo dejándolo disponible cuando los países no pueden pagar su deuda, y necesitan una gran inyección para paliarlo. Así, pueden imponer sus condiciones para la devolución. El gran fallo ha sido pensar que matando de hambre al enfermo se encontrará con más fuerzas para devolver lo que debe. Hasta aquí los tópicos que solemos escuchar en radios y artículos de prensa cada día.

La reacción ciudadana ante esta situación fue en primer paso votar a los partidos contrarios que tenían los gobiernos durante la crisis. La masa social mayoritaria, creyó en la estrategia del cambio como solución sin fijarse en las propuestas políticas que había detrás, generando en muchos casos colapsos políticos irremediables, como estamos viendo en España con Rajoy. Otra parte de la población, una ciudadanía crítica de progreso, decidió cambiar su voto o no votar, castigando así las últimas políticas lanzadas por el gobierno de Zapatero y aprobando la reactividad social de las fuerzas de izquierda más retóricas.  En otros lugares la reacción fue hacia el populismo nacionalista, que por ejemplo en Catalunya les ha llevado a más recortes e imposición de un modelo conservador, frente a la necesidad de un futuro social y más justo. 

Entre este movimiento en tendencias electorales, sociales y críticas, surgió el 15-M como el síntoma de que el sistema político envejece y no consigue ser tan democrático como cuando fue diseñado en la transición, ni solucionar los problemas de representación y gobernabilidad que cierta parte de la sociedad exige. La mala reputación de los partidos políticos (en parte espoleada por el propio PP como estrategia populista de minado del votante progresista) y en parte por el debate algo demagógico sobre el bipartidismo, ha favorecido que grupos como IU y UPyD estén en un progreso exponencial aprovechándose del desajuste social. 

La respuesta ante este desajuste entre electorado, tendencias críticas en la población y problemas que la crisis genera, necesita de un relato de izquierdas no más puro ni escorado, si no más ágil y postmoderno, que es lo que la sociedad está probando por sí misma. ¿Por qué tienen éxito los movimientos populares como el 15M, las plataformas en las que IU apoya su discurso o un populismo más cercano a Rosa Díez? Son posturas políticas adaptadas a la voz del ciudadano, trancienden a los partidos haciendo que la ciudadanía se implique (a veces de manera más acertada y otras de manera demagógica) y sienta que su tiempo genera debate. 

¿Estamos haciendo política y encauzando debates responsables desde el PSOE ayudándonos del reclamo social de soluciones a la crisis democrática, económica y social que surca nuestro pais?  En mi opinión, no es que sea más o menos acertado el discurso que llevamos, ni la forma de hacer oposición. En las oportunidades que el Congreso da y con la fuerza que tenemos (110 diputados, frente a una mayoría absoluta) quizás las opciones no sean demasiadas. La dirección del grupo ejerce las directrices políticas que vienen de una ejecutiva federal que sigue mirando la política de una manera estática. 

Incluso con la intensidad ideológica necesaria, la población no vería con buenos ojos este discurso que sigue llegando aguas arriba y que no busca raices en tierra, en donde empoderar trabajadores y trabajadoras, académicos, profesionales con experiencia en sus sectores, funcionarios, clases desfavorecidas por los problemas de la crisis o simplemente artistas y gente de la cultura que quisieran participar del debate profundo al que la sociedad debe enfrentarse. 

Necesitamos hacer mover a esta organización con cimientos de edificio viejo (de buen diseño y bonito, que alberga a mucha gente válida y tiene unas normas de la comunidad algo anticuadas) y convertirla en una máquina sociológica con geometría variable. Que sepa modular los debates e incluir a la ciudadanía comprometida con el cambio de paradigma político. Necesitamos restaurar la fachada, que la gente al pasar mire a este edificio como un artefacto de la modernidad y no como un monumento que está quedando en desuso. Necesitamos atraer a innovadores sociales, a conocedores de las tendencias de pensamiento en las redes, a activistas de diversas causas con las que podamos construir un mensaje que importe en el día a día a los ciudadanos. Necesitamos que la curiosidad haga acercarse a más gente. Necesitamos ser más, que entre nosotros ya nos conocemos bien. Y que nos den ideas, que se airee el ambiente, que se arriesgue en las propuestas. Que nos vean vivos. 

Y ofrecer algo a cambio , ayudarnos entre trabajadores solidariamente, tratar de hacernos ver como una organización de soporte no solo ideológico, si no físico. Ofrecer algo a cambio de las ideas y el trabajo que nos traigan, una inmersión social colaborativa.

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