Un cambio en la conciencia colectiva.

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Ya van siendo muchas las oportunidades que hemos ido dejando en el camino para volver a asentarnos en la conciencia colectiva de la ciudadanía de nuevo. Hemos dejado que el Partido Socialista, del que hablo en primera persona del plural sin ser ni más ni menos que un militante y activista, no recupere su legado histórico, dejando secuelas y mala imagen sobre las grandes hazañas que alcanzó en el pasado y que corren el riesgo de perderse en el olvido. 

El principal motivo para cambiar, que nuestro entorno se ha sumido en una crisis económica y social que necesita de herramientas de transformación social como ha ido siendo el PSOE en su historia. Dejar esta herramienta desengrasada, con las cuchillas poco afiladas y crujiendo, solo hace que pierda el país y que la ciudadanía ante la urgencia busque otros refugios de defensa de sus derechos.

Es opinable el estado y la capacidad del Partido según el conocimiento que tengas del mismo y de las tendencias según la cercanía o no a los diversos grupos de opinión o poder (que no ideológicos) pero lo que es seguro, es que estamos muy mal valorados en la conciencia colectiva del posible electorado.  Y eso es lo que muestran las encuestas una y otra vez, si comparamos con la tremenda situación que sufre el PP inmerso en casos graves corrupción, mala gestión de gobierno, con su tozudez ideológica de derechas, la debilidad ante Europa, etc..

Y para cambiar esa tendencia en la conciencia del electorado, ya no vale parecer lo que éramos. Ya no se fían porque la ciudadanía se ha dado cuenta que dejó el gallinero de la política en manos a veces a buen recaudo, pero otras de despistados cuidadores, que por mala gestión, dejó escapar varios de los derechos que teníamos. Y al marcharse, la puerta abierta a los lobos que vinieron luego. Así que el esfuerzo debe ser doble.Primero tenemos que recuperar la imagen y después regenerar la forma en que se hace política para ofrecer algo distinto.

Tan tan cercana a los ciudadanos, que seamos nosotros y nosotras los que participemos, no dejemos el poder en manos de otros que olvidaron lo que ser un ciudadano republicano y cívico era. Tan transparente que nadie pueda nunca volver a dudar de nuestra honorabilidad  Tan práctica y útil que nadie sienta que hay gente en una poltrona que no se gana su sueldo. Tan moderna en sus formas que sea más capaz de analizar nuevos retos, de tomar decisiones colectivas en el momento que se deba, de corregir errores. Tan auto-crítica que en el futuro no haga falta volver a hacer critica. Con tanto conocimiento e inteligencia colectiva que los paradigmas capitalistas no se vuelvan a quedar sin una respuesta socialista y democrática. 

Para recuperar la imagen, hay que cambiarla, no vale con que quienes estuvieron al cargo de la nave rediman sus pecados en el desierto. No queremos ya los ciudadanos sacrificios inútiles ni héroes. Los ciudadanos que participamos en política queremos estar en un partido de compañeros y compañeras valientes, de los que confiemos para las batallas que quedan. La redención continua, la excusa de por qué siguen presentes, el cansancio que causa ver los mismos argumentos, la misma retórica, ya no valen. Siento ser duro con gente que ha dado muestras de servicios intachables a la ciudadanía. Pero su irresponsabilidad de seguir a la deriva con un partido con esta memoria hace falta que hablemos claro. El mejor servicio que pueden hacer es dejar paso a los ciudadanos que quieran volver a participar en política.

Solo recordar que la generación de González y Guerra llegaron al poder en el partido en sus tempranos treinta años y lo que hicieron fue un partido nuevo recuperando la historia de lo pasado, pero partiendo de unos pilares distintos. Es discutible su salida del marxismo como fin último, o los cambios de opinión ante la OTAN, pero lo hicieron de manera que el partido sufrió una transformación, que treinta años después se ha quedado insuficiente. Zapatero dio un nuevo cambio que nos ilusionó. El error vino después, y fue no dar continuidad al cambio generacional que él había encabezado. El retroceso, nos causó una gran pérdida de la imagen posmoderna que él mismo había construido sobre el partido. Nos encontramos en una situación de carencias materiales por la crisis, con un partido a mitad de modernizarse y en manos de personas que ya no entraban en la conciencia colectiva como posibles agentes del cambio.

Se debe hablar de la democratización, no tan solo porque entre todos los ciudadanos progresistas que queramos elegir a un candidato podamos, que es el espíritu último de las primarias, si no porque consigamos un partido en el que no haya que tener un aparato de presión y una estructura tal que sea un impedimento para que los ciudadanos participemos y nos presentemos a ser elegidos, ya sea como un simple concejal de un pueblo, un alcalde o alguien que quiera mostrar sus referencias por Europa. Tiene que ver con la Constitución Española que avala el derecho a elegir y ser elegido participante.

Que el partido sea abierto y democrático es la única manera para que venga más gente a participar y que nuestros perfiles ganen en diversidad, preparación, motivación y frescura. Yo mismo dudo de si debiera seguir militando para hacer siempre lo mismo que hago, la búsqueda continua de una innovación y vanguardia que no llega. Quizás necesito a gente más creativa cerca, los cuales hoy no están entre nuestras filas y andan en otras iniciativas socioculturales ciudadanas. Si todos creyéramos en la necesidad de buscarnos complementos de ideas, de formas y de conocimiento para ser mejores transformadores de la realidad, seguramente intentaríamos invitar a participar a más gente. Obviamente los que ven como una herramienta de poder el partido,  van a ir en contra de esta nueva diversidad.

La humildad de ser los que escuchamos y no siempre los que proponemos las soluciones, la capacidad de impulsar nuevas medidas sin que eso suponga que pasen tres congresos y dos conferencias para que estatutariamente sea correcto, la simpatía y cercanía que causemos entre nuestros iguales, depende de que se quiebre la inmovilidad actual de la estructura del partido. Rígida, conservadora, anticuada. Litúrgica como dijo hace poco un dirigente.

Con un partido democrático, inteligente en colectivo, amable  y ciudadano, llegarán las propuestas que nos de el valor para transformar la sociedad. Sin los primeros pasos, seguiremos teniendo la misma imagen en la conciencia colectivo y volveremos a fallar.

Estas opiniones no son solo mías, pertenecen a un ideario colectivo que hemos ido haciendo entre muchos desde diversas guerrillas-políticas en las que hemos coincidido. Espero que en la Conferencia Política alguna llegue donde es debido, a la conciencia de quienes deben dejar paso. Entonces y solo entonces quizás podamos entrar de nuevo en la conciencia colectiva de los que nos echan de menos, e incluso de algunos que nunca nos esperaron en sus ilusiones.

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