Rocío Márquez, sabiduría e innovación.

Presentaba ayer Rocío Márquez (Huelva, 1985) el espectáculo “Por qué cantamos” en el Teatro de la Abadía, dentro del festival “Suma flamenca” que se desarrolla durante Junio y Julio en la capital madrileña. Tenía la cita un interés especial pues aunaba poesía y flamenco, recitadas ambas por la excepcional cantaora onubense. Y no voy a dejar un solo adjetivo gratuito en la crónica, por lo que paso a relatar lo que allí aconteció de manera sintética, pues daría para mucho más analizando cante por cante.

Rocío es excepcional principalmente por el conocimiento que atesora de los distintos palos flamencos. Pese a su juventud (relativa con respecto a su conocimiento) puedes escuchar cantes antiguos que han debido ser recuperados quizás de grabaciones quizás de que ha ido escuchando a “los mayores” desde que era muy pequeña, pero es inverosímil la conciencia flamenca que tiene.  Es una verdadera portadora del cante.

En todos los espectáculos que vi de ella anteriormente, nunca ha hecho un repertorio parecido (desde una Suite española, junto a la pianista Rosa Torres-Pardo donde tenía su versión más lírica, hasta cantando un cancionero tradicional con Paco Seco, o el flamenco más de raíz. Ayer exploró otras vías, una introspección muy personal de Morente, o la suma de poesía de vanguardia en el repertorio de letras) Es excepcional por la variedad cromática de su voz, en la diversidad de estilos a los que imprime su estilo. Creo, que va detrás los pasos del gran Miguel Poveda en esta faceta.

Rocío además comprende la música que está haciendo, quizás por su formación, quizás por ser una estudiosa de aquello a lo que se dedica. Tiene que ver mucho que se junte con músicos como el guitarrista Miguel Ángel Cortés (qué toque más fino, qué falsetas, qué precisión) Ayer hicieron una excepcional granaina, donde voz y guitarra se intercambiaban los roles entre falsetas y acompañamientos. Innovación técnica explicada de manera didáctica. Y es que los grandes del flamenco, han sido siempre divulgadores de la ciencia que saben. Y también fue profesora de literatura, llegando desde Benedetti a Juan Ramón Jiménez, pasando por nuevas tendencias de poesía (hizo una performance innovadora, sampleada y con letras muy duras que dejaron al público boquiabierto) Y además, homenajeando a los poetas populares del flamenco.

Las letras que usa en los fandangos, no son nunca casualidad del momento. Ayer en los bises hizo una letra sobre al condición humana que no pude anotar y espero volver a oir pronto hasta que me lo pueda aprender. Rocío muestra su lado más excepcional sobre todo cuando tiene que expresar y transmitir. Es capaz de estar cantando, de sonreír o desgarrarse con las letras, de guiñar al público y sobre todo de modular la palabra y su significado, en lo que canta.

Lo hizo mientras recitaba lo último que está grabando, un homenaje al histórico Marchena. No sólo se trataba de conseguir aprenderse la extensa letra de la copla, ni de saber hacer los giros necesarios para cantar y recitar en los mismos versos. Rocío consiguió transportarnos al primer cuarto del siglo XX en una suerte de máquina del tiempo del flamenco.  Lo antiguo, como vanguardia.

Una suerte volver a coincidir con esta pedazo de cantaora. Siendo de la misma generación, temo que veré un futuro brillante del que no conozco límites de momento.

 

 

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