La alegría gaditana de Joaquín de Sola inunda Lavapies

En el mundo del flamenco los aficionados viven con la ilusión constante de que un nuevo talento surja para redimir sus penas y alegrías y volver a tener otro Elegido. Desde que nos abandonara el inigualable Camarón de la Isla en 1992 (última Llave de Oro del cante flamenco entregada a título póstumo) le vemos reflejado en  los gestos, detalles, quejíos y alegrías de muchos cantaores. La alegría de encontrarnos con Joaquín de Sola es volver a sentir que esa ilusión de un nuevo mesías flamenco sigue presente.

A sus 27 años -nada precoces, pese a su imagen de gitanillo de la Caleta- Joaquín ha logrado que este año sea su disco el elegido revelación entre los y las jóvenes del flamenco. Pese a que ahora es posible ver en Youtube previamente los vídeos de los cantaores que se van a actuar a las tabernas, el flamenco es material para ser consumido en vivo. Tuvimos la suerte de asistir a las pruebas de sonido. No nos hizo falta buscar Candela desde la calle, escuchamos el tronío del gaditano a una manzana de distancia.

Alentados por Diego Gallardo, fotógrafo de Flamencuras, pudimos comprobar como Joaquín es un portador de esencias antiguas en los cantes de la Bahíatangos, tientos, alegrías y sobre todo los tanguillos de Caique interpreta con la gracia ntrínseca a la ciudad que lo vio correr de niño.

El joven cantaor entiende el flamenco como una manera festiva de expresión y se crece cuando sonríe en el escenario con las enérgicas bulerías bien mecidas, con partes hechas canción y otras terminando en alto. Ni qué decir de las letras de las chuflillas (shuflillas, palabra que debe pronunciarse con la “sh” inventada en San Fernando)

Lo verdaderamente sorprendente de Joaquín es su voz de cantaor viejo, con cuerpo, que sale del pecho, nada nasal ni nacida en la garganta forzada. En la Soleá y en la Malagueña, Candela,se quedó mudo escuchando, se hizo un silencio de hielo mientras Joaquín invocaba al pasado con su voz. La malagueña la continuó con unos fandangos, ese cante que pertenece al pueblo, que habían sido escritos por el mismo Antonio Canales.

 Y terminó la noche por fiestas, bien acompañado rítmicamente con la caja de Epi Pacheco (que se arrancó en cierto momento de la noche a cantar “por carnavales”) y el guitarrista Adriano Lozano.

Oiremos hablar más veces de Joaquín, cantaor del futuro. Tiene sus propias variantes en el estilo de alegrías y tangos que canta, en la entrada de afinación al cante y en cómo termina los versos. Y sobre todo, su carácter de joven tímido, entregado al público y la sencillez con la que pasea su grandeza.

ESTE ARTÍCULO FORMA PARTE DE UN DOCUMENTAL DE INVESTIGACIÓN SOBRE LA TRANSMISIÓN DEL FLAMENCO EN EL QUE HEMOS COMENZADO A TRABAJAR LA FOTOPERIODISTA VICTORIA HERRANZ Y YO MISMO. 

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