Son los votantes, no los partidos

En estos días de continuos análisis electorales perdemos la visión de que los resultados son así debido a las decisiones individuales de los ciudadanos, que libres, votan lo que creen que es la mejor opción para el gobierno de su pais, para cambiar el estatus actual o simplemente porque personalmente les gusta más.

Cuando se interpretan los resultados con de manera macro y no añadiendo una visión micro-sociológica podemos defender cualquier barbaridad en nombre de “el sentido común” “la gente” “España” o el mismo “pueblo soberano”.

Uno de esos errores continuos es dar por hecho como serían los resultados electorales ante otras circunstancias con los votos reales. Por ejemplo si dos fuerzas se hubieran unido o si el sistema fuera proporcional. Es erróneo pensar que los comportamientos electorales no varían ante un cambio normativo o estructural. También lo harían los partidos.

Por ejemplo, el uso de los convergencias regionalistas de Podemos en Galicia y Cataluña no es más que un intento de cambiar el comportamiento electoral, que les ha salido bien. Si Podemos se hubiera presentado en solitario en todo el territorio, probablemente no hubieran conseguido esos resultados, no sólo por el problema de aritmética, sino porque los votantes podrían haber cambiado su comportamiento.

¿Imaginan a alguien votando y pensando que su voto sirva para generar un pacto entre 3 determinados partidos? No, el que vota lo hace con el convencimiento que su partido puede ganar (incluso IU-UP me consta que tenía esa intención después de su buena campaña contra todos los elementos)

Y este es el momento en el que debemos pararnos a pensar seriamente. ¿Nos han votado para elegir no tener acceso a la toma de decisiones o para precisamente intentar influir en el máximo de ellas? Soy absoluto convencido de que no nos votan para quedarnos al margen. Pero sobre todo nos votan para que demos sentido a la configuración electoral que surge de la voluntad de los votantes. Nadie vota pensando en el caos.

Hay veces que se dan mayorías cómodas para gobernar con poder amplio o minorías crueles para ser totalmente intrascendentes y no tener nada que decidir. Pero no tiene por qué pasar y se pueden dar circunstancias como las actuales. La política tiene que estar preparada y nosotros dispuestos a solucionar sea el que sea el mandato del conjunto de la ciudadanía.

Y esta vez ha tocado un Parlamento con cuatro* (incluyendo las convergencias) partidos fuertes y un Senado con una mayoría absoluta del PP. Si es verdad que dichos cuatro partidos tienen vocación ciudadana y tienen el sentido histórico del momento que vivimos, deberían de estar ilusionados en la búsqueda de una solución que nos saque de este jaleo.

Como Partido Socialista, el más representado de la izquierda como un único partido, tenemos la obligación de encabezar la búsqueda de una solución,  si es que quienes tienen la primera opción no son capaces. Ante el debate creado en función de la investidura o no de Rajoy y la posibilidad de un gobierno multicolor o no, debemos ser valientes pero no ingenuos.

Escucho mucho la frase “estamos mejor en la oposición” estos días. Y me suena igual a “hoy me hubiera gustado quedarme en casa y no ir al trabajo” . Como si no debiéramos ser curso de la historia y ser simple cauce de la historia gastados por el agua que pasa. No hemos venido aquí por nuestro bienestar.

En primer lugar hay que tener claro lo que nos acerca a las fuerzas que compartimos el deseo de no volver a ver a Rajoy (o a Ella) de presidente. Si estamos de acuerdo en eso, ahora viene lo importante. Hace falta dotar a ese gobierno nuevo de una legitimidad democrática que que asegure que la voluntad de los votantes  está garantizada.

En segundo lugar hay que dotar a dicho nuevo gobierno de un apoyo social que borre la sombra de la duda de la inestabilidad, que desde la derecha siempre proyectan a gobiernos con pactos o que surgieron de hacer mayoría una minoría.

¿Podría el PP bloquear eternamente un proceso de cambio de la CE78 con su mayoría en el Senado? Momentáneamente sí, pero no si hay una mayoría social pidiendo lo contrario desde el poder que reside en el Congreso y en un gobierno legítimo. Y este podría ser el punto de la legitimidad que antes citaba: un posible referéndum a cerca de la necesidad del cambio en la Constitución.

Previo a estos dos pasos he dejado en el aire el punto (nada trivial) de cómo llegar a ese acuerdo de gobierno multicolor. Aquí empiezan las dificultades reales de toda la argumentación.

Estamos en una batalla política que parece no haber terminado con las votaciones del domingo y la asimilación de los resultados por sus actores.
(cosa común entre los partidos) Lo primero que han hecho todos los que se creen agentes del acuerdo, se han dispuesto a lanzar líneas rojas que precisamente alejen el acuerdo. Qué irresponsabilidad señorías.

En mi optimismo antropológico (hay quien dice que inocente o psicopático) siempre creo que lo que hay que hacer es buscar las fórmulas de solucionar las diferencias que impiden un acuerdo de la manera más ética dejando los egos aparte. Todos los acuerdos que se toman a través de la lucha de egos, son malos, porque nunca se cede por el bien común, sino por las compensaciones personales a la cesión del propio ego.

Al diálogo hay que ir desnudos y construir un acuerdo. Es importante la confianza con el contrario, que puede garantizarse mediante la propuesta de puntos previos donde sea fácil el acuerdo y ver la capacidad de cumplir los pactos a los que se va llegando.

Y lo más importante, nunca hay que decidir por aquel grupo al que se representa si no es por su bien común, aunque eso nos de ventanas competitivas en una negociación.  Lo primero son los votantes, que son los que nos dan sentido último a los partidos por sus propios votos. Y no al revés.

Creo en la necesidad de que salgamos de las trincheras como partido. Que defendamos la ilusión de un cambio tranquilo en la Constitución como elemento de acuerdo con Podemos, Unión popular- Izquierda Unida y los nacionalistas.

A estos últimos debemos convencerles que va antes el cambio en la CE que sus intereses momentaneos y de que prueben a vivir bajo un nuevo marco.

Tocan años de luces y mucha política. No nos escondamos. Como vengo repitiendo toda la campaña, en palabras de Benito Pérez Galdós, “Es por el socialismo por donde llega la aurora” Que así sea

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