Compromiso, diálogo y acuerdo: único camino hacia unos presupuestos de consenso

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No nos podemos hacer trampas nosotros mismos, si cada uno no reconoce los errores que ha cometido para no tener aprobados los presupuestos con los que funcionará el Ayuntamiento de Moralzarzal en 2016 a la fecha que estamos, no llegaremos a un acuerdo en común. Pero la responsabilidad debe recaer en función de la capacidad para lograr que estos llegaran a ser acordaros, dialogados y por fin refrendados por una mayoría suficiente para aprobarlos. Y en esto, una gran parte de la responsabilidad tiene que recaer en aquellos que desde el poder municipal no han sido capaces de tenerlos a en plazo, de no haber establecido herramientas de acuerdo previamente, ni confianza entre sus socios de gobierno.

El error no viene de los malogrados intentos de diálogo ya entrados diciembre o de la peculiar semana de Comisiones de Hacienda sin debate y por último del espectáculo de pleno que se planteaba con unos presupuestos dictaminados negativamente, mal introducidos en el orden del día del mismo por las prisas, que todos sabíamos que no iban a ser aprobados y que aún así se tomó la decisión de seguir adelante. El error viene de no haber construido herramientas de acuerdo previamente.

Los presupuestos del año 2015 ya estaban prorrogados e informados al Estado desde que el interventor tuvo que avisar de este hecho, como corresponde legalmente hacerlo a principios de Enero. Desde ese momento había que buscar culpables que exculparan una situación, que no dudo que no haya sido por la inexperiencia de todos los que aquí estamos, pero sobre todo por la incapacidad de reconocer que esa inexperiencia iba a perjudicar a los ciudadanos cuando se sabía que había problemas para llegar a tiempo.

En estos presupuestos, el PSOE de Moralzarzal ha estado preocupado desde que empezamos a hablar del Impuesto Bienes Inmuebles (IBI)  y el proyecto para pedir la deuda necesaria al IDAE para el proyecto de cambiar las luminarias a tecnología LED de la localidad durante Octubre y Noviembre. En ese momento, la decisión fue apoyar ambos puntos porque así creíamos que eran propuestas con posibilidad de ser debatidas, pero lógicas. En primer lugar pensamos que si el valor de las viviendas se había rebajado como consecuencia de la actualización del valor catastral, era justo que se bajara este impuesto, aunque no lo suficiente para que causara un mal a las cuentas públicas. Era lógico que frente a una caída posible del 18% del impuesto, a través de la forma de recaudar, esta caída solo fuera un 4% .

Al igual que el proyecto para la iluminación LED, con la petición un crédito de 1,7 millones al IDAE del Ministerio de Industria, que ahorrará la energía suficiente como para hacer que el pago de la deuda sea incluso rentable a partir del octavo año. Y ahí estuvimos apostando por el ahorro energético y económico que suponía. Pero en aquel momento ya vimos lo verde que estaba el proyecto de presupuestos y empezamos a solicitar información al respecto.

Parecía que se pedía nuestra colaboración con una cercanía prudente, pero todo gracias a la buena voluntad, de entregar ideas y trabajo, sin saber si iban a ser tenidas en cuenta. Llegó diciembre y fue el momento clave en la que el núcleo del equipo de gobierno ajeno a MeC mostró su actitud. Tras una larga reunión informativa, que se agradece para el conocimiento extensivo de las cuentas municipales (faltó algún detalle) fue el momento que había que empezar a saber si serían unos presupuestos basados en los compromisos adquiridos o no.

Habiendo preparado parte de nuestro trabajo para lograr cumplir los pactos de investidura, ya teníamos redactado un borrador del Reglamento de Comunicación que normalizaba la comunicación institucional del Ayuntamiento, proponiendo la figura de un Director de Comunicación elegido de manera pública entre los representantes municipales bajo la dirección facultativa de expertos de comunicación de universidades madrileñas. Era una propuesta de discusión ante el compromiso de buscar fórmulas en 6 meses para cambiar el cargo de confianza destinado a la comunicación por un perfil del que no cupieran dudas sobre su filiación política ni su comportamiento sesgado. Este gabinete dependería directamente de Secretaría, tendría para su director un contrato de 6 años que no interviniera en ciclos electorales y tendría una mayor exigencia para su cese (2/3 del Pleno) que para su aprobación (3/5) Incluso teníamos el compromiso de la Universidad Complutense para participar del proceso de elección.

Pues bien, parece que la idea no gustó demasiado y desde ese momento tuvimos claro que si queríamos llegar a un acuerdo posterior, en asuntos mayores, teníamos que empezar con los acuerdos ya firmados. Es una sensación compartida por los socialistas de Moralzarzal, que sólo se puede acordar cuando hay un nivel de confianza amplio. Este nivel de confianza se genera cumpliendo los pactos previos, trabajando en conjunto y poniendo en marcha todas las mociones plenas que el pleno ha aprobado como representantes últimos de la ciudadanía.

No se nos puede acusar de no ser proclives al pacto, nuestro Grupo municipal es el que más consenso ha generado en sus propuestas desde las elecciones, también sumando a las propuestas ajenas. Incluso hemos tomado decisiones complejas, asumiendo los errores en las prácticas de negociación que pudiéramos haber cometido. 

A partir de este momento, nuestra tarea fue trabajar y llegar a la redacción de un conjunto de enmiendas que cambiaran la realidad social de Moralzarzal y presentarlas en aquellos foros que les diesen formalidad, la formalidad que las instituciones proporcionan con sus procedimientos. ¿Debíamos haber intentado otra cosa? Seguimos pensando que hay que dar valor a las instituciones, hacer política en las Comisiones (que para ello se crean) y por último acordar en los Plenos. El marco en el que se nos sitúa cuando se ve mal que a una comisión se lleve las propuestas y no se dialoguen, es una carencia de la creencia que las instituciones sirvan, sino que siempre hay que “negociar” a puerta cerrada, que no acordar. Mientras la relación de los grupos sean las de grupos en minoría que quieren llegar a acuerdos, tendremos que usar las instituciones o incluso la opinión pública consensuada (por desgracia tampoco tenemos preparada las herramientas de participación ciudadana que nos podrían haber ayudado a suplir la imposibilidad de debatir entre nosotros) 

Nuestras enmiendas eran claras desde nuestro programa y nuestra actuación desde que fuimos elegidos. Propusimos más gasto en medio ambiente, educación, formación para el personal del Ayuntamiento, en creación de empleo joven, ayudas para la maternidad y la infancia e inversión en desarrollo local. También pedimos algo que aunque puede parecer trivial, todavía es visto como una proeza y no. Presupuestar las mociones ya aprobadas en Pleno es una obligación, que tampoco había sido abordada. Por último proponíamos cambiar el modelo de gestión, la eliminación de los cargos de confianza y la inclusión en el presupuesto del Gabinete de Comunicación. Comunicación institucional, quitando presupuesto para un proyecto de Publicidad. Son diferencias ideológicas. También pedimos la revisión de impuestos y concesiones, la recaudación diferencia los modelos de hacer política.

Por último pusimos la atención en que se revisen los contratos privatizados, como el de Juventud para buscar ahorro a través de la gestión directa. Y pedíamos que no se intentara solucionar un potencial problema social (potencial porque hay que analizarlo desde los servicios sociales y no desde una directa criminalización de la juventud) con un proyecto de infraestructura como era la inversión en un Bike-park para evitar los “presuntos problemas” que se dan en el polideportivo en el entorno de las instalaciones para el skate.

Como conclusión, a mi parecer, el error parte de un uso institucional erróneo de pensar que una institución construida para gobernarse en mayorías se intente gobernar no ya en minoría, sino desde una soledad absoluta, anteponiendo los intereses electorales y los compromisos adquiridos previamente al conocimiento de los resultados electorales con su militancia a cumplir los acuerdos que realmente hicieron posible la investidura.

Los errores se basan en no haber construido un modo de solucionar las discrepancias entre partidos que están obligados a entenderse para llegar a acuerdos. Y esto parte principalmente de la diferencia de estatus entre quienes gobiernan, y los que tienen representación necesaria para la mayoría. Las actitudes deben cambiar cuando no hay una relación de representación y poder inequívoca.

Y aquí nos encontramos, finalizando Enero y con las relaciones de uno de los partidos de gobierno muy perjudicadas con el resto de partidos, con las redes sociales incendiadas, fuera de toda realidad social de tensión real (en la calle todo el mundo es mucho más prudente y tendente al entendimiento) , un Pleno pasado dominado por una intransigencia que no favorece nada el diálogo y la ciudadanía preguntando que cómo es posible lo que está sucediendo.

Toca evaluar nuestra actuación y revisar si el mismo relato que aquí escribo ha tenido errores propios y actuar en consecuencia para solucionarlos. No nos vamos a quedar quietos, ni sin pensar hasta que no tengamos unos presupuestos, una casa común, de todos y para toda la ciudadanía.

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