Consenso como método, trabajo como praxis

Dormía y soñé que la vida era belleza; desperté y advertí que es deber.- Inmanuel Kant

¿Por qué nos movemos? 

Las cosas bonitas duran lo que las ilusiones de las que los comparten se mantienen unidas. No hay más, en la vida nos movemos por ilusiones y desilusiones, pero cada uno tenemos una manera de ilusionarnos. En política la psicología de los grupos tiene una especialidad, nos dominan ideologías que son las que nos mueven las ilusiones. Y a esas ideologías les sumamos nuestros análisis de la realidad y proponemos soluciones para conseguir nuestros objetivos.

Cuando llegué pensé que gobernar era otra cosa. Siempre he sido optimista, antropológicamente optimista. Por encima de los intereses personales o grupales, he creído que todos nos movemos por un bien común que es fácil de definir para llegar a un acuerdo. Pero no parece ser lo normal.

Como ya he escrito otras veces, en una situación política como la actual en la que las mayorías no existen, la teoría de juegos nos enseña que la situación de máximo beneficio se obtiene cuando todos los grupos en el juego creen que ganan en un determinado escenario. Y ese escenario solo puede ser el consenso. 

Consenso es un sinónimo sobre todo de generosidad. ¿Qué hacemos con el que creemos que se confunde? Hay dos opciones cuando no estas de acuerdo con alguien, llamarle imbécil o intentar ganar su confianza para que crea en tus razones. La primera opción siempre ha sido la fácil. En nuestra arrogancia intelectual, solemos llamar imbécil al que tenemos delante sin pensar en las consecuencias. ¿Hará esto que lleguemos a un consenso? ¿Conseguiremos nuestros objetivos con su ayuda? Nunca.

Hubo tiempos que no siempre pensé igual. Y así entre en política, causando disenso continuo, insultando al que se me ponía delante ofreciéndole siempre una mejor solución porque “imbéciles de ellos” nunca habían pensado en que esa opción podía existir. Y me equivocaba. Gobernar es conseguir que tus propuestas lleguen a buen puerto y para ello hay que ceder el espacio de la arrogancia de nuestra ideología y capacidad intelectual, para buscar una posición conjunta. Los problemas no se solucionan, los problemas tienen una disolución.

surrealismo09

“El hijo del hombre” Magritte

Teoría vs. Práxis

El problema viene cuando tus objetivos no son llevar a la práctica tus propuestas, sino que tus objetivos son tus propuestas en sí. Hay quien solo vive de buscar la diferencia, quien sobrevive por estar en contra de algo. Hay dos tipos de discursos, los “antagónicos”, que son radicalmente opuestos y no necesitan unos de otros para sobrevivir y los discursos “agónicos” que solo sobreviven si contraponen a su discurso complementario unas ideas.  Hay quien ha pasado de una dialéctica marxista en la que la praxis es lo único que importa (praxis, pragmático, práctica vienen de la misma raíz griega) a vivir en una dialéctica de la antipraxis, encerrados en una jaula de ideas, que impiden la misma práctica de la política. Enfrentada a la praxis, se torna un nuevo discurso, el del político teórico.

El mundo de la teoría ofrece una ventaja inconmensurable: no hay que alejarse de su propia posición ideológica para sobrevivir, no es necesario intervenir en la realidad, tan solo hace falta crear un discurso y enfrentarse a todo aquel que intente dudar de él. Es la política de coste cero.

Lo contrario significa convencer y conmover, en palabras de Gabilondo, que es atraer al diferente a tu discurso y ponerlo en marcha. Para ello hay que ser persuasivo, dialogante y estratégico, para lograr que no pueda escapar de apoyar lo que se propone. Esa es la política real y la responsable. Insultar al que tiene que pactar contigo dificilmente conlleva en un beneficio para el colectivo que defiendes. El frentismo, incrementa la pureza de tu mensaje, pero lo hace imposible porque no genera mayorías que lo soporten. Lo deja fuera del terreno de juego.

¿Quién está dispuesto a desplazarse, a desaforarse, a descentrarse, a descubrirse? .- Julio Cortázar (Rayuela)

Mi campo de trabajo.

En los últimos dos meses he trabajado una propuesta de consenso en mi área de responsabilidad, arriesgando que en la transformación surjan problemas que dificulten los trabajos mismos sobre los que tengo la responsabilidad. Pero para ello me he bajado de mis posicionamientos para encontrar consenso entre quienes deben apoyar mi idea.

Para los que dudan de la gestión del cambio, estoy trabajando en solucionar sus dudas. Esto fortalece mi trabajo porque es más preciso la manera en la que yo mismo trabajo, normalmente sobre la cuerda floja y en equilibrio constante. Para los que dudan de mis objetivos, ofreciendo transparencia en el proceso. Tener una idea buena, no hace que sea mejor si no la creen todos.

Confío plenamente en que las distintas susceptibilidades son para poder responder a sus propios altares ideológicos de los que no piensan como yo. Pero lo respeto y me muevo para conseguirlo. La praxis es tener una meta clara, trabajar de forma decidida y conseguir los objetivos poniendo todos los medios que tengamos dispuestos.

 

 

 

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