Transgeneracionalidad vs. Gerontocracia. El reto del PSOE-M

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Todos y todas las militantes del PSOE estamos orgullosos de nuestra historia de 138 años por los compañeros históricos que han luchado y enfrentado sus vidas a la desigualdad, contra los poderosos y por el bien común. Militamos gracias a que ellos y ellas estuvieron antes que nosotros.

A partir de esta premisa, quiero construir el argumento de este artículo: es necesario un pacto entre generaciones en el partido socialista madrileño para conseguir una renovación necesaria desde sus bases, haciendo un partido más abierto y participado. ¿Por qué? Porque en un partido con tanta historia de continuidad democrática en los últimos 40 años una de nuestras dificultades es dar el relevo generacional en los momentos clave.

Llegados a ciertos momentos de la historia, en las que la política cambia de una manera generacional deben ser responsables de una generación posterior los que se hagan cargo de explicar a sus coetáneos los cambios políticos necesarios para vencer a los nuevos problemas.  En un campo discursivo post-15M y con la irrupción de nuevos partidos en el terreno de debate, parece necesario saber si el nuevo proyecto del PSOE tras el 39ª Congreso y representado desde su Secretaría General por Pedro Sánchez, cuenta con unos portavoces territoriales coherentes con el mismo. 

Podemos y Ciudadanos ya han “matado al padre” en términos del psicólogo Carl Jung, habiéndose hecho “mayores” tras la crítica constante a PSOE y PP. ¿Hemos hecho desde el Partido Socialista de Madrid esa reflexión crítica hacia una generación que no ha conseguido llegar al poder en los últimos 20 años?

Si bien es verdad que dos culturas del partido deben emprender durante un tiempo el camino de manera conjunta, la cultura del partido de los delegados y la representación colegiada, debe ir dejando paso a la cultura del voto responsable de los militantes. Debe haber para un espacio más participativo aunque a muchos le de miedo (y nos llamen asamblearios de forma despectiva) frente a un partido que empezaba a resultar ciertamente caciquil y que mantiene esos sesgos que vemos continuamente en algunas de las supervivencias del tiempo.

Además y voy más lejos: nos merecemos las generaciones que ahora tenemos el empuje de haber llegado a la vida pública con ilusión, preparación y ganas, de llegar a acuerdos a las generaciones que ya vivieron el socialismo de manera intensa a nuestra edad para construir proyectos nuevos. Merecemos devolver a la sociedad haber sido una generación privilegiada en nuestra educación, sanidad, etc.. para conseguir que se mantenga este estado de bienestar para las generaciones venideras.

Pero a la vez, necesitamos dar soluciones al empleo de nuestra generación y vincularlo al servicio de pensiones para garantizar su mantenimiento.  Necesitamos un nuevo marco económico que garantice una estabilidad para el futuro, un nuevo marco medio ambiental que nos garantice un futuro que generaciones atrás tanto pelearon. Un nuevo marco energético, social, cultural, educativo… que podamos dibujar la sociedad de los próximos años, en la que nuestros hijos van a vivir.

Frente al modelo de pacto entre generaciones donde unos ponen las ideas y la creatividad y otros la experiencia,  conocimiento, y la historia, está la posibilidad de que el partido siga en manos de una generación que termina su carrera, agotada tras años de lucha y pelea. Una gerontocracia que deje las decisiones en un pacto de veteranos que reparten espacios de poder históricos, para el interés de los grupos que les mantienen en su posición. 

La transgeneracionalidad garantiza una renovación constante, pues su ética se basa en garantizar la necesidad del bienestar de todos y la implicación de los más jóvenes junto a la la experiencia de los más veteranos, frente a un modelo donde el poder recae solo en aquellos que lo han sostenido durante décadas previamente.

La gerontocracia suele proponer soluciones políticas a problemas que ya no existen o soluciones invalidas para nuevos problemas. La transgeneracionalidad es un modelo que garantiza el conocimiento continuo de lo que sucede en la ciudadanía, de manera rigurosa tanto desde la intelectualidad como desde lo social y desde la militancia de base.

Seamos protagonistas de nuestro tiempo. Y prometamos dar un paso atrás cuando hayamos conseguido los retos que nos planteemos. 

 

 

 

 

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