Las 7 diferencias de base.

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Una vez que los procesos internos avanzan en cascada, la pureza de los sentimientos que nos unieron a los militantes de base para hacer llegar a Pedro Sánchez y a un proyecto colectivo al mainstream político,  va transformándose según baja el nivel orgánico y la posibilidad de acceder a un espacio de poder se hace latente. 

Después del 1 de Octubre, era fácil intuir que la indignación de la militancia auparía a quien luchara contra dicha afronta a la democracia del partido. Así fue y conseguimos volver a las portadas políticas con nuestro partido (el de todos) como el nuevo referente mediático en la izquierda. A nivel interno significaba una cosa: el resto de espacios de gestión interna de la organización tendrían un marcado perfil de la nueva cultura de partido tras el 39º Congreso.

Muchos, inocentes, pensábamos que todos los cuadros hacían campaña de manera ímproba, lo hacían a coste cero. Pero no era así, algunos ya estaban de campaña personal durante la campaña de Pedro. Iban surcando la ola de la militancia.

En el PSOE-M el debate político por configurar una candidatura hegemónica de la nueva cultura de partido, hay quien no está haciendo este debate de una manera intelectual y colectiva: hay una guerra soterrada para intentar acallar cualquier alternativa a la “oficialista”. De las presiones y métodos de coacción no hace falta que hablemos, hay un historial suficiente en nuestra federación, que nos hacen recordar a tiempos pasados que no queremos retomar.

Así las maniobras desde las mal llamadas plataformas de militantes (estructuras supuestamente espontáneas y pseudo-democráticas sin ningún tipo de normativa, protección de datos, o posibilidad de defender un funcionamiento interno ético) están dejando mucho más dudas sobre cómo elegir a un candidato de manera democrática, independientemente de la solvencia del mismo, que precisamente podría haber sido un candidato magnífico a la secretaría general del partido, y que personalmente espero algún día pueda incluso a ser presidente del mismo. 

Van diez años desde las primeras primarias y no parece que el modelo corresponda a la participación, sino a un mayor control de las agrupaciones y del debate.

Hay casos brillantes, como en el PSOE de Extremadura, donde resulta que la plataforma de militantes, fue llevada por un militante de base, sin ningún encargo de nadie, siendo el conductor de la victoria de Pedro en Extramadura, y ahora además, es candidato para disputar el trono de la federación al mismísimo Guillermo Fernandez Vara. Desde aquí mandamos suerte a Enrique Pérez Romero (@kubdey en twitter) compañero y amigo desde que iniciáramos Bases en Red en 2011. Si gana, tendremos una verdadera opción que representa el resurgir de un nuevo paradigma.

¿Hay forma pues de identificar estos movimientos? Os propongo 7 diferencias entre la vieja cultura de partido y las nueva:

  • El uso de las redes sociales. El nuevo espacio de debate, puede usarse de varias maneras, que también determinan el posterior comportamiento de los partidos. Existe la posibilidad de usar las redes para compartir debates, reflexiones, amplificar ideas y sobre todo unir a gente. Un llamamiento a la reflexión es el que hicimos desde militantes vigilantes con nuestro Manifiesto. Hay otras formas de usar las redes: buscar trending topics por utilizar muchos perfiles, la comunicación unidirecciónal, etc… Como dice Gabilondo, la búsqueda de la unidad en las ideas, termina derivando en las ideas únicas. Si las campañas de los candidatos se hacen de espaldas al debate, después el partido actuará de espaldas al ciudadano en redes.
  • Confundir el terreno de debate democrático. Si bien el debate interno es importante, es vital no confundir todo el espacio político de lucha con lo interno. Para aquellos que no tienen ningún tipo de cargo público – ni les importa la imagen hacia la ciudadanía– parece que la consecución de un objetivo orgánico puede saltarse las normas básicas del debate político. Por ejemplo mezclando debates internos en redes, cuando se está hablando de política institucional o de partido sectorial. Además de mala imagen a la ciudadanía, resta energía inútil.
  • Coherencia interna de las propuestas. Este es uno de los puntos más importantes del debate cuando se hace entre diversos sectores y candidatos de un partido. ¿Puede un proyecto determinado ser defendido por cualquier persona en el partido? Hemos llegado al punto en el que la respuesta es NO. Cuando hay una revolución ética como ha habido en el 39º Congreso, la coherencia interna de cada candidato, hace que no sea posible defender cuestiones que afectan a nuestro propio comportamiento. Hay ejemplos como la limitación de cargos institucionales o la limitación de mandatos, tan sencillos de entender, que da rubor intelectual tener que discutir quienes pueden o no defenderlos.
  • Cultura nueva vs. “El problema de Madrid”  Algunos pensábamos que “el problema de Madrid” se solucionaría con normas más democráticas que pudieran hacer que Congresos de delegados no volvieran a promover las familias y los grupos de presión (expresión literal) fomentando otro tipo de iniciativas de base y debate de ideas. El problema de Madrid, esencialmente es la búsqueda de poder interno por encima de la búsqueda de soluciones para derrotar al Partido Popular. El problema de Madrid se basa en la incapacidad entre sectores de dialogar y llegar a acuerdos, por la incapacidad de reconocer errores pasados y actuales. La honestidad frente a la mentira.
  • Colectivo vs. Jerarquía: en los colectivos horizontales, la praxis puede parecer más complicada, pero siempre consigue mejores resultados que las iniciativas con jerarquías. Si el objetivo es encontrar un proyecto de ideas complejo, los debates deben ser más abierto e integrando a más perfiles. Si el objetivo es ganar un proceso orgánico sin importar las formas, hay quien piensa que mejor tener un ejercito. Cosas simples, como ir cambiando quién dirige las reuniones, eligiendo quién va a cada reunión con diversos sectores entre los integrantes del grupo, compartir la información estretégica del grupo, genera más trabajo, pero mucha más cohesión y confianza. La fidelidad y lealtad desde la confianza es diferente a la búsqueda de la lealtad absoluta.
  • Estrategias sobre el liderazgo. Hay quien empieza eligiendo la persona y a través de ahí forma un proyecto y se puede, montar el proyecto y terminar en un liderazgo.  Los primeros, seguramente sean más tradicionales en este partido, pero no siempre generan los mejores resultados. Incluso es posible que un grupo de debate de ideas termine por no apoyar a ningún candidato. Introducir propuestas que “hackeen” el Congreso a través de las ponencias, puede hacer más útil la presencia de las ideas que de las mismas personas.

La séptima diferencia, se esgrime en la forma de comunicar de los candidatos o de las bases. Es posible leer a militantes que escriben lo que piensan, lo debaten en persona o lo publican en redes, pero es imposible lograr un nivel de conocimiento más amplio de los candidatos, más allá de las entrevistas en medios, carentes de análisis y de profundidad. ¿Por qué?

 

 

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