Hackear el urbanismo salvaje: una oportunidad de futuro de las entidades locales y la ciudadanía.

El contexto: de lo global a lo local. Las influencias del capitalismo y la privatización del espacio 

Ningún concepto ha influido más en el urbanismo moderno que surgió del empoderamiento ciudadano, que el concepto del“Derecho a la Ciudad” que el sociólogo y filósofo francés Lefebvre introdujo en su libro del mismo nombre (1968). “El derecho de toda persona a crear ciudades que respondan a las necesidades humanas”, parece que habla más de como habitamos nuestras ciudades, de qué relaciones queremos que se produzcan en ellas, que de simple arquitectura y gestión de las infraestructuras urbanas.

¿Qué ha ocurrido en nuestras ciudades y municipios en las últimas décadas? Las ciudades han sido una conclusión más de la expansión del capitalismo hacia nuestras vidas. Ciudades pensadas como lugares fantasmagóricos, donde la privatización del espacio público ha primado  sobre iniciativas que hablaran de ocupar los espacios por parte de la ciudadanía de forma colectiva.

En ciudades y pueblos que han servido de expansión a las metrópolis, se han generado grandes espacios habitacionales privativos (es decir, grandes zonas residenciales) que se han contrapuesto con otras grandes zonas comerciales. La ciudad como una dicotomía no integrada: el espacio público ha sido ganado por los grandes espacios comerciales, y las zonas residenciales han sido desprovistas de elementos de socialización claves para una ciudad compartida.

La burbuja inmobiliaria, el negocio sin cerebro: un ejemplo de desarrollo local ajeno a la participación y a pensar en habitar las ciudades. 

En nuestra mente reside ese pueblo rodeado de campo, dehesa, prados, que tenía un núcleo urbano muy concentrado. Hace tan solo 20-25 años, Moralzarzal era un municipio con 3.000 habitantes, que en poco más de dos décadas ha cuatriplicado su población. La fiereza con la que el espacio fue siendo privatizado para la construcción residencial (con el beneficio para constructores y quienes iban vendiendo el suelo) solo contrasta con la poca inteligencia colectiva aplicada al modelo: escasez de participación y de un debate ciudadano.

Si bien la última ordenación urbana general es de los años 80, el uso de los planes parciales iba paliando la necesidad de más suelo para construir vivienda al ritmo que había demanda (una vez más, era la demanda la que mandaba y no una planificación urbana sostenible)  Nos encontramos así con un municipio que consiguió expandirse de gran manera  y cuyos centros públicos y grandes infraestructuras no generaban espacios públicos consecuentes con la distribución del pueblo.  Resulta curioso, como ninguna de las grandes infraestructuras han generado parques o plazas que pudieran sustituir a la relación habitual de los pueblos.

Pauperización de los centros urbanos.  Un factor económico y social que han sufrido algunos entornos urbanos de zonas cercanas a grandes ciudades ha sido el cambio de relaciones que se daban en los centros urbanos. En lugares donde la escasez de patrimonio turístico, de tejido empresarial (incluso artesano) o comercial con arraigo, la urbanización ha producido que grandes superficies y centros comerciales sacaran de los centros de las ciudades el nivel de actividad básico.

Si los centros urbanos en lugares con atractivo comercial y turístico se han “gentrificado” haciendo que el precio de la vivienda suba por encima de la renta media de los vecinos que allí vivían historicamente, en los lugares donde estos factores no existen, se han pauperizado. Quedando las urbanizaciones nuevas con viviendas con familias de más renta y quedando el centro envejecido o con sectores sociales de rentas menores.

¿Y el resto del espacio no central? Nuevos desarrollos urbanos desprovistos de dotaciones públicas. 

Las zonas residenciales de cualquier municipio terminan produciendo el efecto “dormitorio” Es curioso que frente a las posibilidades de creación de zonas verdes y pasillos peatonales en un entorno que enmarca con lo rural como es Moralzarzal, no se haya incluido más infraestructuras de calidad al aire libre en un municipio como este, en las zonas residenciales dotándolos de suficientes servicios públicos. Recursos económicos hubo. Canchas deportivas, entornos medioambientales y recreativos en la cercanía de los infinitos caminos que cruzan nuestro municipio. Sin poder comprobarlo numéricamente, estoy seguro que el ratio de zonas verdes en un municipio como el nuestro está por debajo de grandes ciudades como Berlín (la ciudad europea más verde) Surge la duda además, una vez querían eliminar del uso comunitario una zona periurbana como la Dehesa, que no era precisamente el desarrollo sostenible lo que había en la cabeza de quienes fueron desarrollando los planes urbanos.

Estrategia urbana: un debate generacional, que transciende las clases y que puede incluir una política progresista de desarrollo. 

 

La estrategia de desarrollo urbanístico de un municipio, debe repensarse a 25-30 años para que no vuelva a pasar lo que ya ha ocurrido. El problema, no es lo que se haga a partir de ahora simplemente, sino paliar el desastre de la burbuja inmobiliaria, los desarrollos que fueron dirigidos por los intereses económicos y la gestión de unos edificios públicos que fueron ideados bajo unas premisas cortoplacistas o al menos no proyectadas al futuro.

¿Qué hacer?  Relato una serie de medidas que podrían sumarse al debate urbano de nuestro municipio, cuando haya que proponer una nueva ordenación global del mismo. Y que tiene medidas en las que ya estamos interviniendo como gestores públicos. ¿Sirve cualquier estrategia? Desde la política de planificación urbana progresista no. Queda claro que las medidas deben ser estratégicas para conseguir unos objetivos:

  • Incorporar al debate público al mayor número de personas de los diversos sectores sociales del municipio.
  • La ciudad como un derecho, a vivirlo y compartirlo, usando los espacios públicos como generadores de movimientos de personas en relación.
  • Crear comunidades que compartan experiencias de vida, desde la diversidad.
  • Generar sostenibilidad económica, planteando ciudades como lugares donde trabajar y vivir, pero sin dejar de lado la sostenibilidad medioambiental.

Triple estrategia: Infraestructura nueva, rehabilitación de zonas pauperizadas y “acupuntura” urbana. 

Para conseguir cambios efectivos, mientras sigue la tarea (aunque los plazos de las legislaturas son largos, los procesos sociales de cambio urbano lo son más) la estrategia a seguir debe incluir tres tipos de medidas.

  • Infraestructuras nuevas.  Para corregir errores de planificación estratégica o  mejorar zonas urbanas desprovistas de instalaciones públicas, no hay más remedio que la planificación de nuevas infraestructuras. Estas no tienen que ser grandes proyectos (o sí) pero tienen que tener una coherencia con el proyecto global.
    • Conexión con sistema social y urbano de las nuevas infraestructuras. Las nuevas infraestructuras, ya sean en los cascos urbanos o en zonas desprovistas de servicios públicos hacen falta “conectarlas” con el sistema urbano existente.
      • ¿Qué significa esta conexión? Principalmente hacerlas desde inicio propias de la comunidad que la va a usar.  Ya sea con la participación ciudadana, con la implicación en los proyectos o mediante el relato de lo público, es vital que cuando una infraestructura aparece, la comunidad que va a ser su prescriptora se identifique con ella.
        • En el ejemplo del nuevo Centro Cívico que estamos planteando, como nodo de unión entre las actividades deportivas, la participación ciudadana, espacios de creación, una biblioteca, etc… parece muy importante que empiece a repensarse los usos de los espacios a la vez que los proyectos se van perfilando. Deben hacerse imaginar a la ciudadanía mediante la presentación de los proyectos a la participación ciudadana, qué espacios se ganarán, para que imaginen qué comunidades crearán en ellos.
        • Otra posible nueva infraestructura,  un colegio nuevo en otro barrio sin dotaciones públicas, podría ser el ejemplo de que son tan importantes los proyectos que se planteen, como la generación de un espacio de debate con la comunidad educativa.
      • Conexiones físicas: toda nueva infraestructura nace muerta y desconectada, pues es un elemento nuevo en el entorno urbano que de nuevo debe ser conectado.  Para ello, hay que pensar en que entorno está, por ejemplo, sus “zonas de influencia” y planificar conexiones entre ellas. Es fácil imaginarse conexiones entre la Cañada, el Polideportivo – Centro Cívico – La Dehesa, etc… a través de caminos verdes, vías para transito rodado de bicicletas y otros “cachivaches”, etc.  Incluso con dotaciones industriales como el polígono también caben algún tipo de conexión (conocimiento).
  • Rehabilitación de cascos urbanos pauperizados.  Desde el cambio de los espacios públicos es posible cambiar los flujos económicos y sociales. Un ejemplo de esto es el Campo de la Cebada. También es posible este cambio través de la  infraestructuras urbanas que necesiten ser rehabilitadas o dotar de nuevos contenidos . Espacios como el parking municipal, los edificios que hoy en día ocupan el Colegio del Raso y que están en pleno proceso de inversión, la actual Biblioteca, Casa de la Juventud, son espacios que deben seguir siendo flujos de ciudadanos participando que generen más actividad en el casco histórico.  Tan solo el cambio en la fachada de un edificio puede dar una visibilidad diferente al uso que se hace en su interior.
  • “Acupuntura urbana” Estas actuaciones mucho más pequeñas y ciudadanas, deben dar soluciones puntuales a problemas del urbanismo del día a día. Desde las entidades locales se deben favorecer espacios de participación para resolver estas incidencias comunes y que a través de pequeñas obras o mobiliario urbano, que incluso se pueden hacer desde la participación ciudadana, podemos cambiar el entorno (y si ya mientras participamos del espacio urbano nos cambiamos a nosotros mismos, sería perfecto)

Pensar en el urbanismo como mera obra, genera monstruos que no se pueden mantener en el tiempo. Aboguemos por un urbanismo que genere comunidades de usuarios, que congregue a la ciudadanía entorno a las infraestructuras, que pueden ser desde simples murales pintados hasta grandes edificios, pero pensando siempre en la mejora cívica de nuestras ciudades, que nos sirvan para habitarlas, para vivirlas y no para tener que sufrirlas. Haremos mejor así nuestra tarea.

 

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