Un voto que cambia la realidad

Agotados todos los argumentos de campaña tras meses escuchando a unos y a otros, si es verdad que hay indecisos es que estamos haciendo mal la campaña desde los grupos políticos. Prefiero pensar, que hay votantes ilusionados con unas ideas en las que ve reflejados a unas personas y otros que pese a no tener la ilusión por ningún partido tiene una idea de lo que más se acerca a su forma de entender la vida, a sus intereses o al colectivo al que pertenece. Me cuesta pensar que hay indecisos a estas alturas después de dos campañas en las que hemos visto como se ha comportado cada uno. 

No voy a escribir mucho, simplemente intento recordar que la ilusión por el cambio debe estar consolidada en las posibilidades de que ese cambio sea llevado a buen puerto. Condiciones de posibilidad que las dan la solidez de los programas, el análisis de la realidad  y sobre todo la capacidad política de quien presente ese programa.

En esta campaña el PSOE se presenta con un programa netamente socialdemocrata (como su identificación ideológica) , tenemos claro que el candidato Pedro Sanchez va a defender el programa (incluso si tiene que pactar con otros grupos, estos pactos estarán dentro del marco de nuestro programa como vimos en el anterior intento de acuerdo) y por último, estamos muy seguros del partido con el que nos presentamos: no necesitamos coaliciones, tenemos una identidad histórica marcada y no estamos marcados como el PP por la corrupción.

Programa, partido y candidato, tres factores que pueden ser decisivos. Pero aún más importante, el PSOE es el único partido que tiene capacidad de llegar a acuerdos y ser partido de consenso. En estos momentos y ante unos resultados inciertos para la gobernabilidad, debe ser un factor determinante. 

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El concilio como obligación

Vigilianus

Nobles  y clérigos acudiendo al concilio de Toledo, ilustración del Codex Vigilanus

No hace falta ser un estudiante profundo de las lenguas muertas para recordar la etimología de varias palabras que arrastramos en nuestra vida común como sino tuvieran un significado, a través de la historia y saltando entre la evolución del lenguaje.

Por eso, recordar el valor semántico de las palabras que usamos, lo que significan, puede que nos haga reflexionar qué hacemos con nuestra expresión y con nuestra acción. Varias veces al día todos los miembros de una corporación local firman, escriben o recuerdan en su perfil en redes que son “concejales” . Veamos qué significa:

Si seguimos en la etimología, llegamos al Concejo del latín concilium (asamblea)   y este de un compuesto del prefijo con- (reunión)  y la raíz del verbo calare (llamar, convocar) y un sufijo de resultado -ium.  De ahí también las palabras:

  • Concilio – Una reunión fomral para tratar un tema importante
  • Conciliar – Relacionado con concilio y unir dos partes
  • Conciliador – Persona buena para hacer que otras personas se pongan de acuerdo
  • Conciliación – Acuerdo de dos o más partes
  • Reconciliar – Arreglar el acuerdo nuevamente
  • Reconciliación – Nuevo acuerdo entre las partes
  • Concejal – Miembro de un concilio
  • Concejalía – Cargo del concejal.

Con estupor, asistimos a un pleno municipal del Ayuntamiento el 3 de Marzo, en el que se trataron temas, totalmente ajenos a conciliar entre los ciudadanos con distinta forma de ver la realidad, lo cual debería ser nuestra obligación como concejales, si nos regimos por el mandato de la etimología.

Y así lo expresamos desde nuestro Grupo Municipal. En primer lugar, el intento de convertir una expresión en redes en un acto constitutivo de delito para pedir la dimisión de una de los miembros de este concejo de Moralzarzal. Es muy triste, que el Partido Popular de un municipio como el nuestro siga queriendo usar el terrorismo como tema para crispar, encender el ambiente político y al fin y al cabo utilizar para su fin las ganancias de este debate. Por ahí no vamos bien en la tarea que tenemos la obligación que es conciliar las vidas entre los que piensan diferente. Que llegara a haber insultos y amenazas en las redes contra personas que defienden sus ideas de manera democrática.  Debería hacer reflexionar a dichos concejales, si de verdad están ejerciendo su tarea como deben.

Lo más grave, saber si intentan imponer una ley mordaza a los propios concejales compañer@s de corporación. Se rompe así cualquier conciliación posible, un consenso indispensable, el de una asamblea entre iguales,  al no considerar a todos con los mismos derechos, al menos el de expresión.

En otro ámbito diferenciado (no comparo en ningún momento circunstancias) también pude ver como se perdía un debate que la historia y el tiempo zanjará antes o después, como es el de la financiación pública de espectáculos  en cuyo seno hay problemas éticos, en este caso, los festejos taurinos y la demanda por parte de algunos sobre el maltrato animal.  Conocidas las posiciones enfrentadas entre los autodenominados “taurinos y antitaurinos”, no se puede ser conciliador intentando provocar una votación sin un buen debate previo entre la ciudadanía.

Si bien es un debate que estaba planteado desde el punto de vista económico (invertir o no presupuestos públicos) el calado es más lejano, pues es una actividad que nunca ha probado la autofinanciación ajena a los poderes públicos. Por lo que se intentaba de manera soslayada, ir primero a su financiación como método de ahogar la actividad. El problema es que hay municipios que no están preparados de momento para dar otras opciones económicas por ejemplo a los comercios del pueblo, muy dependientes del turismo y el gasto que se produce en las fiestas patronales.  También, es sabida la necesidad de invertir recursos públicos en aquellas partes de la tradición en la que la mayor parte podemos estar de acuerdo, la sostenibilidad medio ambiental que dan las ganaderías de toro bravo a nuestras dehesas en toda la geografía fijando una actividad económica al terreno que no deja de estar protegido por ello.

La única manera de conciliar posturas, y sí, es posible, es ir al debate cultural sobre las tradiciones y de una manera honesta ver las posiciones que cada uno defiende. También ir al debate ético y que tanto los que están a favor y en contra intenten comprender al que defiende lo contrario.  El resultado de este debate, se acercará mucho a lo que en un posterior referendum se decida.  Estoy seguro que el resultado será mucho más reconciliador.

Insisto en la necesidad de ser agentes del concilio, del acuerdo. Sino, no seremos ni buenos ni malos concejales, simplemente seremos otra cosa, meros agentes del desacuerdo. Y para eso no nos votaron.

Nota: dejo como recomendación el libro de Ignacio Abella “Arboles de Junta y Concejo

9788416443024

Web sobre etimología usada: http://etimologias.dechile.net/?concejo

 

 

 

 

 

 

 

Nunca es suficiente.

Reconozco que confío demasiado en el poder del Estado para cambiar las cosas. Siempre he creído que desde lo público es la única herramienta posible para que los ciudadanos consigamos los retos que pensamos que por nosotros mismos no son posibles.

No dudo de la iniciativa ciudadana, obviamente es la base de la movilización social, pero cuando queramos resultados profundos y sostenidos en el tiempo solo los recursos compartidos de lo público serán capaces de enfrentarnos a dichos retos. Tampoco desconfío de la posibilidad de que sectores privados ayuden técnicamente o económicamente, pero sí desconfío de su arbitrariedad de los mismos para implicarse.

Y lo reconozco, me desespera ver como las instituciones, ralentizan la posibilidad de empezar a contribuir en arreglar asuntos que a la vista de los sucesos no tienen un encargado para solucionarlos.  Quizás me equivoco desde mi perspectiva local, al haber llegado a una entidad que tiene responsabilidades o competencias muy acotadas (Ley Reguladora de las Bases del Régimen Local) y escasos recursos asignados para desarrollarlas (Ley de racionalización y sostenibilidad de las entidades locales) .

¿Son estas restricciones suficientes para hacernos quedarnos inmóviles ante grandes problemas sociales que están presentes en nuestro entorno? Así como no podemos creer que todo lo puede la voluntad (Gramsci y su optimismo de la voluntad) tampoco podemos caer en el pesimismo de la inteligencia.

Una de las mayores faltas del sistema, es precisamente que no haya asignados entes públicos a los problemas que se generan de manera inusual, o que tienen un trasfondo superior al de la gestión directa de una organización pública.  Y quiero hablar de dos problemas que personalmente, y también colectivamente nos generan un desasosiego que superan nuestra dignidad global como sociedad. En primer lugar la situación de desprotección de cientos de miles de refugiados de la guerra siria, en segundo lugar un problema enraizado y global como el de la violencia de género.

La lucha contra el paro, la pobreza o el cuidado de salud, por ejemplo, tienen de recursos públicos asignados en todos los programas políticos que conocemos. Son graves y generan sufrimiento y desigualdad, pero hay noción de que hay que tomar parte en su lucha. Son los diversos signos políticos los que plantean soluciones diferentes aunque tampoco me parecen suficientes viendo los resultados actuales.

Sin embargo desde la Unión Europea y la representación de los gobiernos nacionales, autonómicos y locales, todo el trabajo que se está haciendo no es suficiente para preservar la vida de los refugiados de la guerra de siria y dignificar su futuro. Tampoco estamos ganando la lucha al patriarcado, una lucha que acabe con el machismo y sus últimas consecuencias, la violencia de género.

Como escribía hace poco, la violencia contra la mujer es un terrorismo global, universal. Tenemos la obligación, todos y todas representantes públicos de hacer todo cuanto esté en nuestra mano para luchar contra esta lacra. Y todo es todo. En nuestra actividad política diaria, personal, social y de activistas, debemos plantear soluciones e implicarnos en ellas.  No es solo un problema social, ni policial, ni educativo, ni jurídico. El machismo es la mezcla perfecta de todos ellos, con un discurso en el tiempo milenario que ha reproducido un sistema (el patriarcado) capaz de reproducirse y subsistir eternamente si nadie pone el foco en desmontarlo.

La lucha pues, tiene que ser en todos los ámbitos donde incide, haciendo necesarios planes integrales que compartan objetivo. Y es un problema que aunque se manifieste globalmente, actúa en cada rincón de nuestras ciudades y más precisamente en el ámbito privado de las vidas que nos rodean.  El machismo es tan global,  que incluso fuimos inculcados del virus en nuestra educación.

Las soluciones tienen que venir de la implicación personal y pública de tod@s los actores e instituciones que compartimos vida.  Me niego a pasar la vida sin hacer nada por ello, una sociedad donde hay desigualdad y violencia es injusta, cruel contra las mujeres, no es una sociedad que pueda ser hogar común.

Con el asunto de los refugiados debemos pensar como civilización, vernos en el tiempo y el espacio y preguntarnos si de verdad, queremos una Europa como la que se está viendo, en la que llegan barcos repletos de refugiados por el sur y en el norte les quitan sus pertenencias para financiar las campañas para ayudarles. Los ciudadanos tenemos que indignarnos más y mostrarlo. Escribirlo, llevarlo a nuestras instituciones y reclamar, aunque no esté en sus manos actuar. La crisis de los refugiados es tal que deberíamos estar implicando muchos recursos públicos a la acogida de los mismos.

¿Podemos sufragarlo? En una Europa de 500 millones de habitantes, en la que el estado de bienestar sufre por las restricciones al déficit, pero es el mejor en media del resto del mundo, estoy seguro que podemos hacer más por acoger cientos de miles (quizás decenas de cientos de miles) si nos lo tomamos en serio. Además de justo, necesario, humano y ético, sería una manera eficaz de fomentar el gasto y hacer olvidar a las instituciones europeas de las restricciones del déficit.  Si el economista Paul Krugman dijo una vez que la economía mundial solo podría salvarse con planes de inversion pública tales que soportaran una lucha contra una invasión extraterrestre o la prevención de la caída de un meteorito, no hay que ir a una situación tan extrema para argumentar la necesidad del gasto público.

Si Europa se plantea dar un sentido de vida digno a tantos refugiados, empleo, servicios sociales, etc. la inversión publica tendrá que ser tal, que crezcamos como ya lo hizo EEUU en la última década, pese a la crisis. Y esta inversión garantizará que se genera otros flujos económicos que salven nuestros trabajos, pensiones, servicios públicos, etc. Además, que las sociedades que son capaces de integrar más diversidad cultural, tienden a ser más prolíficas, incluido el crecimiento económico. 

A nivel local, tan solo la unidad que genera el sentimiento de utilidad social, que genera la expresión de solidaridad, sería un vínculo entre la población y los asuntos públicos, pues sería tarea compartida. Ser solidarios siempre redunda a favor de las sociedades que lo hacen. En un mundo donde la globalización es un factor determinante (y no puede prevenirse o acotarse, porque es un factor de cambio social) los pueblos que mejor adaptados estén a sus consecuencias (malas o buenas) serán los que perduren.  Al igual que en el nivel macro económico el aumento del gasto social siempre genera mayores retornos económicos, en lo micro incluye además el factor de los beneficios sociales directos.

Por último el resultado de este proceso, además de por justicia, ética y subsistencia común, sería el de la riqueza cultural. Cuando hay integración cierta, la diversidad cultural genera un nuevo paradigma cultural. ¿Dejaremos que el miedo nos niegue la posibilidad de ser solidarios? 

 

 

 

Compromiso, diálogo y acuerdo: único camino hacia unos presupuestos de consenso

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No nos podemos hacer trampas nosotros mismos, si cada uno no reconoce los errores que ha cometido para no tener aprobados los presupuestos con los que funcionará el Ayuntamiento de Moralzarzal en 2016 a la fecha que estamos, no llegaremos a un acuerdo en común. Pero la responsabilidad debe recaer en función de la capacidad para lograr que estos llegaran a ser acordaros, dialogados y por fin refrendados por una mayoría suficiente para aprobarlos. Y en esto, una gran parte de la responsabilidad tiene que recaer en aquellos que desde el poder municipal no han sido capaces de tenerlos a en plazo, de no haber establecido herramientas de acuerdo previamente, ni confianza entre sus socios de gobierno.

El error no viene de los malogrados intentos de diálogo ya entrados diciembre o de la peculiar semana de Comisiones de Hacienda sin debate y por último del espectáculo de pleno que se planteaba con unos presupuestos dictaminados negativamente, mal introducidos en el orden del día del mismo por las prisas, que todos sabíamos que no iban a ser aprobados y que aún así se tomó la decisión de seguir adelante. El error viene de no haber construido herramientas de acuerdo previamente.

Los presupuestos del año 2015 ya estaban prorrogados e informados al Estado desde que el interventor tuvo que avisar de este hecho, como corresponde legalmente hacerlo a principios de Enero. Desde ese momento había que buscar culpables que exculparan una situación, que no dudo que no haya sido por la inexperiencia de todos los que aquí estamos, pero sobre todo por la incapacidad de reconocer que esa inexperiencia iba a perjudicar a los ciudadanos cuando se sabía que había problemas para llegar a tiempo.

En estos presupuestos, el PSOE de Moralzarzal ha estado preocupado desde que empezamos a hablar del Impuesto Bienes Inmuebles (IBI)  y el proyecto para pedir la deuda necesaria al IDAE para el proyecto de cambiar las luminarias a tecnología LED de la localidad durante Octubre y Noviembre. En ese momento, la decisión fue apoyar ambos puntos porque así creíamos que eran propuestas con posibilidad de ser debatidas, pero lógicas. En primer lugar pensamos que si el valor de las viviendas se había rebajado como consecuencia de la actualización del valor catastral, era justo que se bajara este impuesto, aunque no lo suficiente para que causara un mal a las cuentas públicas. Era lógico que frente a una caída posible del 18% del impuesto, a través de la forma de recaudar, esta caída solo fuera un 4% .

Al igual que el proyecto para la iluminación LED, con la petición un crédito de 1,7 millones al IDAE del Ministerio de Industria, que ahorrará la energía suficiente como para hacer que el pago de la deuda sea incluso rentable a partir del octavo año. Y ahí estuvimos apostando por el ahorro energético y económico que suponía. Pero en aquel momento ya vimos lo verde que estaba el proyecto de presupuestos y empezamos a solicitar información al respecto.

Parecía que se pedía nuestra colaboración con una cercanía prudente, pero todo gracias a la buena voluntad, de entregar ideas y trabajo, sin saber si iban a ser tenidas en cuenta. Llegó diciembre y fue el momento clave en la que el núcleo del equipo de gobierno ajeno a MeC mostró su actitud. Tras una larga reunión informativa, que se agradece para el conocimiento extensivo de las cuentas municipales (faltó algún detalle) fue el momento que había que empezar a saber si serían unos presupuestos basados en los compromisos adquiridos o no.

Habiendo preparado parte de nuestro trabajo para lograr cumplir los pactos de investidura, ya teníamos redactado un borrador del Reglamento de Comunicación que normalizaba la comunicación institucional del Ayuntamiento, proponiendo la figura de un Director de Comunicación elegido de manera pública entre los representantes municipales bajo la dirección facultativa de expertos de comunicación de universidades madrileñas. Era una propuesta de discusión ante el compromiso de buscar fórmulas en 6 meses para cambiar el cargo de confianza destinado a la comunicación por un perfil del que no cupieran dudas sobre su filiación política ni su comportamiento sesgado. Este gabinete dependería directamente de Secretaría, tendría para su director un contrato de 6 años que no interviniera en ciclos electorales y tendría una mayor exigencia para su cese (2/3 del Pleno) que para su aprobación (3/5) Incluso teníamos el compromiso de la Universidad Complutense para participar del proceso de elección.

Pues bien, parece que la idea no gustó demasiado y desde ese momento tuvimos claro que si queríamos llegar a un acuerdo posterior, en asuntos mayores, teníamos que empezar con los acuerdos ya firmados. Es una sensación compartida por los socialistas de Moralzarzal, que sólo se puede acordar cuando hay un nivel de confianza amplio. Este nivel de confianza se genera cumpliendo los pactos previos, trabajando en conjunto y poniendo en marcha todas las mociones plenas que el pleno ha aprobado como representantes últimos de la ciudadanía.

No se nos puede acusar de no ser proclives al pacto, nuestro Grupo municipal es el que más consenso ha generado en sus propuestas desde las elecciones, también sumando a las propuestas ajenas. Incluso hemos tomado decisiones complejas, asumiendo los errores en las prácticas de negociación que pudiéramos haber cometido. 

A partir de este momento, nuestra tarea fue trabajar y llegar a la redacción de un conjunto de enmiendas que cambiaran la realidad social de Moralzarzal y presentarlas en aquellos foros que les diesen formalidad, la formalidad que las instituciones proporcionan con sus procedimientos. ¿Debíamos haber intentado otra cosa? Seguimos pensando que hay que dar valor a las instituciones, hacer política en las Comisiones (que para ello se crean) y por último acordar en los Plenos. El marco en el que se nos sitúa cuando se ve mal que a una comisión se lleve las propuestas y no se dialoguen, es una carencia de la creencia que las instituciones sirvan, sino que siempre hay que “negociar” a puerta cerrada, que no acordar. Mientras la relación de los grupos sean las de grupos en minoría que quieren llegar a acuerdos, tendremos que usar las instituciones o incluso la opinión pública consensuada (por desgracia tampoco tenemos preparada las herramientas de participación ciudadana que nos podrían haber ayudado a suplir la imposibilidad de debatir entre nosotros) 

Nuestras enmiendas eran claras desde nuestro programa y nuestra actuación desde que fuimos elegidos. Propusimos más gasto en medio ambiente, educación, formación para el personal del Ayuntamiento, en creación de empleo joven, ayudas para la maternidad y la infancia e inversión en desarrollo local. También pedimos algo que aunque puede parecer trivial, todavía es visto como una proeza y no. Presupuestar las mociones ya aprobadas en Pleno es una obligación, que tampoco había sido abordada. Por último proponíamos cambiar el modelo de gestión, la eliminación de los cargos de confianza y la inclusión en el presupuesto del Gabinete de Comunicación. Comunicación institucional, quitando presupuesto para un proyecto de Publicidad. Son diferencias ideológicas. También pedimos la revisión de impuestos y concesiones, la recaudación diferencia los modelos de hacer política.

Por último pusimos la atención en que se revisen los contratos privatizados, como el de Juventud para buscar ahorro a través de la gestión directa. Y pedíamos que no se intentara solucionar un potencial problema social (potencial porque hay que analizarlo desde los servicios sociales y no desde una directa criminalización de la juventud) con un proyecto de infraestructura como era la inversión en un Bike-park para evitar los “presuntos problemas” que se dan en el polideportivo en el entorno de las instalaciones para el skate.

Como conclusión, a mi parecer, el error parte de un uso institucional erróneo de pensar que una institución construida para gobernarse en mayorías se intente gobernar no ya en minoría, sino desde una soledad absoluta, anteponiendo los intereses electorales y los compromisos adquiridos previamente al conocimiento de los resultados electorales con su militancia a cumplir los acuerdos que realmente hicieron posible la investidura.

Los errores se basan en no haber construido un modo de solucionar las discrepancias entre partidos que están obligados a entenderse para llegar a acuerdos. Y esto parte principalmente de la diferencia de estatus entre quienes gobiernan, y los que tienen representación necesaria para la mayoría. Las actitudes deben cambiar cuando no hay una relación de representación y poder inequívoca.

Y aquí nos encontramos, finalizando Enero y con las relaciones de uno de los partidos de gobierno muy perjudicadas con el resto de partidos, con las redes sociales incendiadas, fuera de toda realidad social de tensión real (en la calle todo el mundo es mucho más prudente y tendente al entendimiento) , un Pleno pasado dominado por una intransigencia que no favorece nada el diálogo y la ciudadanía preguntando que cómo es posible lo que está sucediendo.

Toca evaluar nuestra actuación y revisar si el mismo relato que aquí escribo ha tenido errores propios y actuar en consecuencia para solucionarlos. No nos vamos a quedar quietos, ni sin pensar hasta que no tengamos unos presupuestos, una casa común, de todos y para toda la ciudadanía.

Son los votantes, no los partidos

En estos días de continuos análisis electorales perdemos la visión de que los resultados son así debido a las decisiones individuales de los ciudadanos, que libres, votan lo que creen que es la mejor opción para el gobierno de su pais, para cambiar el estatus actual o simplemente porque personalmente les gusta más.

Cuando se interpretan los resultados con de manera macro y no añadiendo una visión micro-sociológica podemos defender cualquier barbaridad en nombre de “el sentido común” “la gente” “España” o el mismo “pueblo soberano”.

Uno de esos errores continuos es dar por hecho como serían los resultados electorales ante otras circunstancias con los votos reales. Por ejemplo si dos fuerzas se hubieran unido o si el sistema fuera proporcional. Es erróneo pensar que los comportamientos electorales no varían ante un cambio normativo o estructural. También lo harían los partidos.

Por ejemplo, el uso de los convergencias regionalistas de Podemos en Galicia y Cataluña no es más que un intento de cambiar el comportamiento electoral, que les ha salido bien. Si Podemos se hubiera presentado en solitario en todo el territorio, probablemente no hubieran conseguido esos resultados, no sólo por el problema de aritmética, sino porque los votantes podrían haber cambiado su comportamiento.

¿Imaginan a alguien votando y pensando que su voto sirva para generar un pacto entre 3 determinados partidos? No, el que vota lo hace con el convencimiento que su partido puede ganar (incluso IU-UP me consta que tenía esa intención después de su buena campaña contra todos los elementos)

Y este es el momento en el que debemos pararnos a pensar seriamente. ¿Nos han votado para elegir no tener acceso a la toma de decisiones o para precisamente intentar influir en el máximo de ellas? Soy absoluto convencido de que no nos votan para quedarnos al margen. Pero sobre todo nos votan para que demos sentido a la configuración electoral que surge de la voluntad de los votantes. Nadie vota pensando en el caos.

Hay veces que se dan mayorías cómodas para gobernar con poder amplio o minorías crueles para ser totalmente intrascendentes y no tener nada que decidir. Pero no tiene por qué pasar y se pueden dar circunstancias como las actuales. La política tiene que estar preparada y nosotros dispuestos a solucionar sea el que sea el mandato del conjunto de la ciudadanía.

Y esta vez ha tocado un Parlamento con cuatro* (incluyendo las convergencias) partidos fuertes y un Senado con una mayoría absoluta del PP. Si es verdad que dichos cuatro partidos tienen vocación ciudadana y tienen el sentido histórico del momento que vivimos, deberían de estar ilusionados en la búsqueda de una solución que nos saque de este jaleo.

Como Partido Socialista, el más representado de la izquierda como un único partido, tenemos la obligación de encabezar la búsqueda de una solución,  si es que quienes tienen la primera opción no son capaces. Ante el debate creado en función de la investidura o no de Rajoy y la posibilidad de un gobierno multicolor o no, debemos ser valientes pero no ingenuos.

Escucho mucho la frase “estamos mejor en la oposición” estos días. Y me suena igual a “hoy me hubiera gustado quedarme en casa y no ir al trabajo” . Como si no debiéramos ser curso de la historia y ser simple cauce de la historia gastados por el agua que pasa. No hemos venido aquí por nuestro bienestar.

En primer lugar hay que tener claro lo que nos acerca a las fuerzas que compartimos el deseo de no volver a ver a Rajoy (o a Ella) de presidente. Si estamos de acuerdo en eso, ahora viene lo importante. Hace falta dotar a ese gobierno nuevo de una legitimidad democrática que que asegure que la voluntad de los votantes  está garantizada.

En segundo lugar hay que dotar a dicho nuevo gobierno de un apoyo social que borre la sombra de la duda de la inestabilidad, que desde la derecha siempre proyectan a gobiernos con pactos o que surgieron de hacer mayoría una minoría.

¿Podría el PP bloquear eternamente un proceso de cambio de la CE78 con su mayoría en el Senado? Momentáneamente sí, pero no si hay una mayoría social pidiendo lo contrario desde el poder que reside en el Congreso y en un gobierno legítimo. Y este podría ser el punto de la legitimidad que antes citaba: un posible referéndum a cerca de la necesidad del cambio en la Constitución.

Previo a estos dos pasos he dejado en el aire el punto (nada trivial) de cómo llegar a ese acuerdo de gobierno multicolor. Aquí empiezan las dificultades reales de toda la argumentación.

Estamos en una batalla política que parece no haber terminado con las votaciones del domingo y la asimilación de los resultados por sus actores.
(cosa común entre los partidos) Lo primero que han hecho todos los que se creen agentes del acuerdo, se han dispuesto a lanzar líneas rojas que precisamente alejen el acuerdo. Qué irresponsabilidad señorías.

En mi optimismo antropológico (hay quien dice que inocente o psicopático) siempre creo que lo que hay que hacer es buscar las fórmulas de solucionar las diferencias que impiden un acuerdo de la manera más ética dejando los egos aparte. Todos los acuerdos que se toman a través de la lucha de egos, son malos, porque nunca se cede por el bien común, sino por las compensaciones personales a la cesión del propio ego.

Al diálogo hay que ir desnudos y construir un acuerdo. Es importante la confianza con el contrario, que puede garantizarse mediante la propuesta de puntos previos donde sea fácil el acuerdo y ver la capacidad de cumplir los pactos a los que se va llegando.

Y lo más importante, nunca hay que decidir por aquel grupo al que se representa si no es por su bien común, aunque eso nos de ventanas competitivas en una negociación.  Lo primero son los votantes, que son los que nos dan sentido último a los partidos por sus propios votos. Y no al revés.

Creo en la necesidad de que salgamos de las trincheras como partido. Que defendamos la ilusión de un cambio tranquilo en la Constitución como elemento de acuerdo con Podemos, Unión popular- Izquierda Unida y los nacionalistas.

A estos últimos debemos convencerles que va antes el cambio en la CE que sus intereses momentaneos y de que prueben a vivir bajo un nuevo marco.

Tocan años de luces y mucha política. No nos escondamos. Como vengo repitiendo toda la campaña, en palabras de Benito Pérez Galdós, “Es por el socialismo por donde llega la aurora” Que así sea

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